Boletín Abril

AUTORIDAD QUE ENTERNECE

“El amor auténtico es el más eficaz creador y promotor de la existencia. Si tantas personas – bien o mejor dotadas – siguen siendo tan mediocres, se debe a menudo, a que nunca han sido amadas con un amor tierno y exigente”

Ignace Lepp.

Orientar y acompañar a los niños a lo largo de su desarrollo es todo un desafío para los padres y demás adultos que estén involucrados en este proceso, pues en la medida en que los niños crecen, también van surgiendo nuevos retos y preguntas respecto a lo que será mejor para su crianza. Indiscutiblemente los padres desean preparar a sus hijos para la vida, y aunque decir SI es muy fácil, el verdadero amor, el que guía hacia la excelencia, la responsabilidad y la satisfacción personal requiere disciplina, límites y una renuncia a la complacencia parental.

Hablar de autoridad no es fácil, mucho menos asumirla; no obstante, debemos entender que es una expresión de amor, pues la autoridad que nuestros pequeños necesitan es aquella en la que se reconoce las posibilidades que cada niño tiene al crecer, al ser autónomo e independiente y en esa medida se acompaña de ciertas exigencias para fortalecer dichos aspectos.

Es importante ejercer una autoridad que enternezca y nos permita acompañar a nuestros pequeños en su proceso de crecer mientras fortalecemos el vínculo afectivo con ellos; los límites NO excluyen el amor y, por el contrario, es necesario un equilibrio entre ambos. Algunos aspectos a tener en cuenta:

  • Debemos reconciliarnos con el término autoridad: en ocasiones le atribuimos una connotación negativa que nos lleva a pensar que debe ser asumida sólo cuando los niños hacen algo inapropiado.
  • Los adultos debemos asumir la autoridad como un acto de amor desde los primeros meses de vida de nuestros niños, por ejemplo: “ya es hora de dormir”, “bájate de esa silla porque te puedes lastimar”, etc.
  • Reconozcamos las posibilidades de autonomía e independencia que tienen los niños y de acuerdo a eso les vamos dando algunas responsabilidades, esto les hace sentir que son valiosos e importantes, por ejemplo: “después de jugar debes recoger los juguetes”, “yo te acompaño pero debes vestirte solo”, etc.

Quien es autoridad exige con amor, NO se impone sino que reconoce el ritmo de cada niño y lo que es capaz de hacer.

  • Los adultos que ejercemos la autoridad desde distintos contextos (casa, jardín) debemos ser claros y coherentes con los niños por esto es importante que se establezcan acuerdos y podamos trabajar en equipo.
  • La palabra tiene un lugar muy importante, pero debe ser clara, amorosa y firme a la vez. No son los gritos los que aseguran un mayor respeto por la autoridad, es el amor, el ejemplo y la coherencia lo que favorece en los niños el valorar los límites pues comprenden que estos le ayudan a organizarse y aprender a asumir situaciones a lo largo de su vida.

Claves para asumir una autoridad que enternece:

  • No discuta o se esfuerce en dar largas explicaciones a los niños, las instrucciones claras y concretas son más fáciles de comprender y así ellos podrán obedecerlas.
  • Acompañe con amor: es importante que los adultos acompañemos a los niños en todos sus procesos y en los aprendizajes que tienen. A través de nuestras palabras podemos ayudar a los niños a fortalecerse emocionalmente, lo cual les permitirá enfrentar sus frustraciones y angustias; creemos la necesidad en ellos de aprender y ser independientes y autónomos, pero que a la vez se sientan acompañados.
  • Reconozca los logros de sus hijos y expréseles lo orgulloso que se siente de ver cuánto crece y cuánto aprende, pero también sea firme cuando deba disciplinar por un comportamiento inapropiado. Es importante la claridad en las sanciones y hacerlo sin enojo: una actitud tranquila refleja que es la autoridad quien tiene el control de las situaciones y que quiere enseñar con amor. Por ejemplo: en medio de una pataleta establecer un “tiempo fuera” para tranquilizarse y pensar, etc.
  • La firmeza de la autoridad no significa autoritarismo, por el contrario implica que hay unos límites y acuerdos claros que no son negociables. Es un equilibrio entre reconocer al otro y respetarle, sin caer en la permisividad de consentir todo lo que desee.
  • Los niños necesitan referentes de autoridad claros y coherentes por esto es necesario que los adultos cumplan sus promesas (“la otra semana te llevaré a patinar”) y también las sanciones que Haya determinado previamente (“si no almuerzas no vamos al parque hoy”).

Leidy Salcedo Castañeda
Psicóloga